Que simple sería todo, si fuera a nuestro ritmo. Hagamos una hipótesis:
Imagínese que está usted en su casa, como siempre, y al levantarse la camiseta se da cuenta que tiene a la altura del pecho un reloj, justo en la posición del corazón. Al intentar quitárselo se da cuenta que no puede, que es parte de su músculo motor. Ese reloj lleva el ritmo de sus latidos, si está tranquilo irá más lento; si está nervioso irá más rápido.
¿Que haría ahora que todo va a nuestro ritmo?, ¿tiene usted el poder del control del tiempo?
A mi no me gustaría la verdad: en los momentos más apasionante se esfumaría el tiempo, en los momentos más aburridos se harían eternos.

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