Un día decidí cambiar el camino.
Aprendí a: aprender más de lo que enseñan, a darle valor a cada cosa que pasa por mis manos, a no desperdiciar el tiempo en responder críticas, a no juzgar a los demás, a saber estar donde hay que estar y como se tiene que estar...
Un día un bandazo y otro, sin rumbo fijo. Al siguiente día ya había cambiado de ruta.
Aprendí a: soñar cuando es debido y no jugar con ilusiones, a no creer en la suerte y sí en el esfuerzo, a cantar sin importar lo mal que lo haga... y aún sigo aprendiendo.
Un día más en el calendario del que formo parte sin tomar ni siquiera parte de él. Soy así no porque yo quiera si no por mis circunstancia ("yo soy yo y mis circunstancias"- Ortega y gasset).
Aprendí a: llamar las cosas por su nombre, a utilizar las palabras bien medidas, a no contar secretos ( algunas cosas siempre son mejor si solo las sabes tú), a no darme por vencido.
Un día no importa tanto como crees, pero un día importa mucho de lo que piensas. El tiempo es oro, pero sin opción a comprarlo. Para un puñado de personas no somos más que objetos con el tiempo contado.
Aprendí a: llevar mi propio orden, a llevar mi propia forma de caminar, a mirar de una forma o otra, a darme cuenta de con quien hablo y de que le tengo que hablar en poco tiempo, a reir y llorar sin importarme delante de quien o de que esté.
Un día es duro y nos lo tomamos como rutina. Cambiamos todo lo que tenemos por una misera palabra o damos todo lo que hemos querido por un pensamiento absurdo.
Aprendí a: ser frío en los momentos más importante, a mantenerme distante de toda aquella gente que pueda hacerme algo de daño, a sufrir, a competir, a ganar, a perder, a respetar a los que me respetan, a leer las miradas y gestos de las personas que quiero o que desconozco, a sufrir con los que sufren, a no encontrarme donde quería, a agradecer donde me encuentro.
Un día con sus consecuencia, un rato a solas.

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